miércoles, 7 de julio de 2010

¿Por qué no tengo novio?

Tener galán es algo que, de por sí, a cualquiera se le antoja (¿a quién no le gusta que la apapachen?), pero si a eso le agregamos que para muchas tener novio es sinónimo de buena suerte, de estar bonita o ser simpática, es OBVIO que no tenerlo se puede volver un problemón. Ajá, porque al andar de a dedo nos podemos ir con la finta y creer que algo anda mal en nosotras, lo que provoca que nadie se nos acerque.



!Grave error¡ porque pensar así sólo lastima nuestro autoestima y nos distrae de lo que realmente vale la pena, como disfrutar con los amigos y aprovechar las oportunidades que tenemos para superarnos mientras llega ese príncipe azul.



Ahora bien, también hay buenas y malas razones para tener chavo. Entre las buenas, está el deseo de querer y ser querida, y el querer tener a alguien para contarle tus sueños, tus planes, etc. ¡Ojala todas tuviéramos razones como éstas, que son las más alivianadas!.



Sin embargo, hay actitudes negativas que distorsionan el sentido de tener novio y que nos llevan a tener un chico por razones equivocadas: para tener a alguien que te saque a pasear (el interés tiene pies), para demostrarle al prójimo que tienes tu pegue (¡qué inseguridad!), o para hacerla de salvavidas de algún espécimen descarriado (¡qué flojera!); también puede ser para darle un poco de su propia medicina a un ex que te bateó por otra chava (¿ardida?) o simplemente para aplacar tu miedo espantoso a estar sola. Lo peor de estas telarañas cerebrales es que pueden hacernos buscar un chavo sin fijarnos en las cualidades del interfecto: si nos conviene o nos va a meter en más problemas de los que ya tenemos.



Sea cual sea el caso, es mejor estar sola que mal acompañada. ¿No creen?, hay que relajarnos. Conseguir un novio que valga la pena es como armar una pieza, de la que nosotras somos una mitad y nuestro futuro chico la otra, los dos nos tenemos que complementar.

martes, 6 de julio de 2010

Un paseo genial con mucha gracia

No recuerdo la fecha exacta, pero recuerdo claramente lo que pasó ese día. Habíamos salido de paseo con mi familia. Nos dirigíamos al lago de Ilopango. Íbamos en el carro, escuchando todo tipo de música, eso hizo que el camino no fuera tan largo y aburrido.



Mi padre iba tan distraído, que por poco nos estrellamos con un bus del transporte colectivo. Todos nos alteramos tanto, que mi madre hizo que mi papá se detuviera en una gasolinera para comprar unas cervezas. Según ella, para que se le calmaran los nervios.



Después de un largo rato de camino y ya con los nervios más tranquilos, llegamos al lago. Yo estaba súper feliz, a pesar del mal rato que pasamos en la carretera. Lo primero que tenía en mi lista, era que diéramos un paseo en lancha. Lo que no se me pasó por la mente era que nuestra mala suerte aún nos seguía.



A pesar de que no habían muchas lanchas, logramos conseguir una a bajo precio. Mi hermano y yo estábamos tan emocionados, que fuimos los primeros en subir. Desde que me subí sentí un poco de miedo de que esta fuese a dar vuelta y todos nos ahogáramos en el lago. Claro, mi imaginación en esos momentos se encontraba por las nubes.



Todo el paseo en lancha fue tan normal, que me termino aburriendo y dándome náuseas que en ese momento lo único que se me pasaba por la mente era que ya llegamos a la orilla, para poder vomitar. Luego de un rato, regresamos a la orilla. Mi papá fue el primero en bajar, rápidamente lo seguí yo, mi hermano venia atrás, a su lado estaba el lanchero, ayudándole a que no se fuese a caer.



Mientras tanto, mi mamá seguía sentada en un lado de la lancha con una cerveza en las manos. Todos la llamamos para que se bajara, entonces se puso de pie tambaleándose y se dispuso a bajar, pero lo gracioso fue que la lancha en ese momento dio vuelta. La razón era que solo a un lado de ella había bastante peso y eso provoco que mi madre terminara sumergida en el lago.



Yo no me dejaba de reír, al mismo tiempo que ayudaba a mi madre a salir de esa agua inmunda que a simple vista se veía desagradable. Mi mamá estaba en shock y no dijo nada, hasta después de un rato.



Se puso a llorar como una niña diciéndonos que por qué no la habíamos sujetado para que no se cayera al agua. Sin duda, ese es uno de los recuerdos de mi niñez de los que tengo muy presente, ya que ese día fue el día que me he reído en mi vida.

Una chica con suerte y algo más

Allá por los años 90´s, en el mes de octubre también conocido como el mes del niño o de la raza nació una pequeña que a todos les parecía linda y que se tornó torpe con el paso del tiempo y de los años. Bueno, eso creía su familia y se podría decir que hasta su madre y sus hermanos. Que así como era nunca llegaría a nada, pero bueno todos ellos se equivocaron. A sus 19 años le ha demostrado a su madre y a sus hermanos que no se convirtió en lo que los demás y ellos creía que seria y que si ha sabido aprovechar su tiempo, posibilidades y capacidades.



A su corta edad ha logrado lo que a muchos les parece imposible. Logró terminar la escuela y pasó a ser bachiller, claro, con mucho esfuerzo de su madre lo logró. Pero no todo en la vida de esta chica ha sido color de rosa, ya que a sus ocho años y que para aquel entonces cursaba segundo grado en la escuela Joaquín Rodezno, de San Salvador, era una niña muy introvertida y, como era de esperarse, tenía problemas que a esa edad cualquier chico tendría. Le gustaba escaparse del salón con algunas compañeras y optaban por ir a esconderse a la biblioteca de la escuela porque, según ellas, allí nadie las descubriría, y en efecto nadie las encontraba allí. Se pasaban casi todo el día jugando, a veces sin que nadie se diera cuenta, lograban salir de la escuela e ir al súper mercado a comprar toda clase de golosinas y sin que alguien, ni el vigilante, se dieran cuenta tomaban cosas del súper como churros y gelatinas sin pagarlas. En fin, era una niña problema. Un día hiso lo mismo y se escapó del salón, pero ese día fue distinto ya que iba con ellas una niña que nunca se había escapado con ellas, era más grande, eso nos les importó, pero a esta niña le caía mal y en un momento en que todas estaban distraídas, nadie se dio cuenta que la niña nueva se subió a un estante de libros y logró hacer que callera encima de Maia, todas las niñas pensaron que había muerto pero ese día el incidente no pasó a mas y solo tuvo unos golpes y una cicatriz que le quedo para toda la vida. Claro, todos se dieron cuenta ya que la tuvieron que llevar de emergencia al hospital, su mamá se molestó mucho y desde ese día ya no confió en su hija.



Un tiempo después, cuando tenía catorce años, se fue de la casa un 31 de diciembre del 2003 por que según ella nadie la quería y la comprendía, que su mamá no la amaba y solo quería a sus hermanos. La escapadita no le duró mucho porque, como era de esperarse, su mamá la buscó con todo y policías. Todos en su casa estaban preocupados, y así es como Maia se dio cuenta que en realidad su madre y sus hermanos la quieren en verdad y como en toda familia siempre hay peleas entre hermanos. No es que no se quieran solo que siempre hay diferencias.



El siguiente año fue el mejor de su vida ya que su grupo favorito iba a tocar el 2 de abril y lo que más deseaba en su vida era asistir al concierto, pero su madre no tenía dinero para que ella pudiera asistir al concierto, así que desde que se enteró que venían al país empezó a ahorrar el poco dinero que le daban para desayunar en la escuela, aunque claro eso no era suficiente ni para lograr comprar una entrada por muy barata que fuese, así que un día, y a pocos días de que se llevara a cabo el concierto, viendo la TV se dio cuenta que en Canal Doce estaban regalando entradas, y lo único que pedían era, que llevasen el último CD del grupo al canal y casualmente tenía ese disco original, ya que el año que pasó ella había vendido una consola para comprar el disco.



Ella hablo con su madre y le contó lo que había visto, su madre al verla tan emocionada no se pudo negar, y el siguiente día fueron al canal. Haya le pidieron el disco pero no solo eso, también tuvo que salir en televisión y lo peor de todo eso fue que solo consiguió una entrada y con una sola entrada su madre no le iba a dar permiso de ir, ya con todas las ideas agotadas se estaba dando por vencida, hasta que ocurrió un milagro, no un milagro verdadero sino que era otra oportunidad para conseguir por lo menos una entrada mas y así poder asistir al concierto, cosa que antes se veía casi imposible.



El milagro consistía en que, en una radio iban a regalar entradas para el concierto, la radio era la Vox y esa noche era el cambio de lista, así que bueno según ellos era un regalo para los radioescuchas, pero, para Maia era su buena suerte y la vida que la estaban dando una oportunidad para que fuese feliz, aunque aun tenía un pequeño problemita, un celular, dónde demonios iba a conseguir un celular y lo peor para el mismo día, para en la noche. Entonces, se le ocurrió una idea, desde algunos meses la familia tenía guardados dos celulares, la razón, no había dinero para recargarlos con saldo, ese día no fue a estudiar y se puso a buscar esos celulares. Esa noche desde que comenzó el programa con su hermano mayor estuvieron marcando a la radio, lo único malo era que las llamadas no entraban ya que la línea estaba saturada porque mucha gente también querían pases, y no estaban regalando pases en los anuncios, ni cuando la llamada entrara, sino que cuando él diera un aviso para que las personas marcaran, después de un rato de marcar la esperanza se había agotado, hasta que, en unos anuncios le contestaron, estaba tan feliz que no podía ni hablar. Después de unos minutos el locutor le preguntó qué quería y ella muy emotiva y nerviosa le contestó que quería pases para el concierto, el locutor riéndose a carcajadas le pregunto su nombre y muy feliz le dijo que no se preocupara, que le había parecido tan graciosa que le iba a dar los pases. Ese fue lo mejor que hasta ese año le había ocurrido a Maia, era su primer concierto, fue con su madre y uno de sus hermanos. Después del concierto, salió afónica de tanto que había gritado y cantado, pero ese día quedo grabado en su memoria para toda su vida, no solo porque había asistido al concierto de su grupo favorito, sino que también porque por primera vez había hecho algo en común con su madre y su hermano, y los tres lo habían disfrutado.


Bueno, viéndolo desde este punto de vista, la vida de Maia no ha sido tan trágica, simplemente divertida, aunque nunca conoció a su padre, su madre con esfuerzo ha logrado salir adelante con sus hijos, y Maia a sus 19 años ya siendo una bachiller de contabilidad, ha entendido que su madre, que su familia en verdad la quieren solo que a veces no saben cómo expresarlo. Y si se creyó que ese fue su único concierto está muy equivocado por que en el 2007, su grupo favorito volvió a tocaren la multiexpo de multipaza. Y resulta que corrió también con mucha suerte ya que por medio de un celular se ganó dos pases VIP para el concierto y lo mejor fue que estuvo muy cerca de sus artistas favoritos, tan cerca que parce tonto decirlo que les pudo tocar y abrazar. Ya para terminar, si se pregunta por qué grupo o que artista esta chica vivió una odisea, solo para asistir a su concierto, el grupo es español, un pop rock más o menos romanticón, el hermano de Maia decía que esa música no servía, pero, para Maia era lo máximo, el grupo se llamaba: La Oreja de Van Gogh, simple y sencillamente. Hoy en 2010 Adriana después de todo eso ya va a la universidad y estudia Lic. En comunicación social. es el orgullo de su madre ya que es su única hija y la única de sus hermanos que ha podido cumplir el sueño de su madre, que sus hijos fueran a la universidad.

Nada es lo que parece

Hasta la fecha, no sé qué sería de mí si mi madre no se hubiera puesto en acción para ir en busca de su hija. Quizá se me podría ver en alguna esquina vendiendo mi cuerpo por algunos billetes, o en algún mercado empujando una carreta con verduras, en fin, muchas cosas por las que le doy las gracias, y toda la vida voy a estar agradecida con ella.



Todo comenzó en febrero del 2003, cuando vi por primera vez a un chavo guapísimo que a primera vista me robó el corazón. Mi hermano lo acababa de contratar para que atendiera una venta de discos que tenía para ese entonces. Así que nos lo presentó a mi madre y a mí para que supiéramos quién era él. Yo quedé deslumbrada al verlo, sentí cosas que a mi corta edad nunca había sentido. Sin darme cuenta, me elevé hasta un punto en que no sabía si estaba soñando o me encontraba despierta.



Con el paso del tiempo lo fui conociendo cada vez más y al mismo tiempo me fue gustando mucho más, hasta el punto de no importarme lo que de él se decía. Transcurrieron los meses y yo me las ingeniaba para poder hablarlé, para lograrlo, me hice amiga de su grupo de amigos y no me le despegaba a mi hermano. A veces, después de la escuela le decía a mi mamá que me iba a quedar en la venta de discos de mi hermano ayudándole, claro, con la intención de estar con mi chico.



Llegó octubre y con ello finalizaron las clases. Y así fue, hablé con mi hermano y mi madre, y les propuse que iba a trabajar con él en su negocio para poder ahorrar y comprar lo que iba a usar en diciembre. Aceptaron que trabajara en la temporada.



Logré mi cometido y pude acercarme, hablar y ser la novia de mi chico, del gatico. Siempre que hablábamos tratábamos, muchas cosas, hasta el punto en que el me calentaba el oído y lograba llevarme a una bodega sola donde me besaba como loco. Un día, mi mamá me vio platicando con él y fue directamente hacia nosotros y me golpeó en la cara, gritándome un par de cosas; desde ese día me prohibieron acercarme a él. Si quería seguir trabajando, claro.



Después de eso tuvimos un mensajero que era amigo de él para poder comunicarnos. Llegó el 24 de diciembre y yo solo quería estar con él para poder abrazarlo y besarlo sin que nadie nos dijera nada.



Así que para poder estar juntos hicimos un plan para fugarnos el 31 de diciembre. Todo transcurrió como lo planeamos y él me llegó a traer hasta donde vivía con un amigo. Nos fuimos en un taxi hasta un lugar que yo no conocía, todo lo contrario a lo que él me había dicho. Me metió casi a la fuerza en un cuarto en el que solo había una cama y ya. Él salió de la habitación a hablar con unos chapines, y a pesar de que hice de todo para escuchar la conversación, no logré escuchar nada.



Al día siguiente me enteré de que me iba a llevar a otra parte, a un lugar lejos, fuera del país, a Guatemala. Porque según él, mi mamá nos andaba buscando y lo iba a meter a la cárcel, y además si yo lo quería me iba a ir con él a donde fuera. Yo me rehusé a hacerlo y le dije que inmediatamente me llevara con mi mamá. Se puso a reír y me contestó que me había vendido a los hombres que la noche anterior habían estado hablando con él.

El 2 de Enero me llevaron a otro lugar, al cabo de unas horas llego la policía y con ellos, mi mamá y algunas tías. Le exigieron que saliera con las manos en alto y que entregara a la menor que estaba en su poder. No le quedó de otra que entregarse y dejarme libre. Yo le di gracias a Dios y, claro, a mi mamá por haberse movilizado e ir en busca de mí. No sé que hubiera sido de esta chica hoy en día, si hubieran logrado sacarme del país. Tal vez estaría en algún prostíbulo, en donde me vendieran sin ningún escrúpulo.



Bueno, siempre me he caracterizado por meterme en muchos problemas, no sé en dónde le cabe tanto amor, comprensión y paciencia a mi madre para aguantar todas las barrabasadas que han pasado en mi mente, por eso y por mucho más le doy las gracias. Y, así, esta es la locura más grande que he hecho en mi vida, o la estupides mas grande...

"Tonta sin remedio"

La semana pasada fuimos con mi mamá y mi hermano a Metrocentro, un centro comercial que a mí en lo personal no me gusta mucho. Ese día, por cosas del destino, no me sentía muy bien anímicamente, pero era miércoles de mitad de precio en el cine y mi mamá quería ir.



Abordamos un bus del transporte colectivo y llegamos al lugar. Después de un rato de andar dando vueltas en todo Metro, almorzamos y, luego, nos dirigimos al cine. Ya habíamos visto casi todas las películas, pero aun así mi hermano quería ver “cómo entrenar a tu dragón”, y así fue, esa vimos.



Para variar la película estuvo bastante divertida. Estuve muy atenta viendo la peli, pero no me sentía bien, estaba resentida con mi mamá ya que ese día, exactamente miércoles, tenía planes con mi amorcito. Mi novio y yo habíamos planeado perdernos un rato por ahí, ir a comer a algún lugar y, como ya dije perdernos en serio, y por esa razón estaba un poco molesta. No pude disfrutar a gusto de la función.



Cuando la peli terminó ya estaba más que harta y ya me quería ir, pero mi dulce madre todavía quería seguir caminando por ahí y comprar unas cosas en el supermercado. Para variar, cuando vamos al súper siempre o casi siempre salimos con bolsas muy pesadas y ese día no fue la excepción. De repente vi que una mirada un poco intimidante se centraba en mi ser, y claro, era mi madre que me veía de pies a cabeza un poco disgustada y empezó a reprocharme; y vos que no haces caso, qué tenés en la cabeza, que te pasa, que no vez el lugar en el que estamos, quítate esas cosas, que nos vamos a ir en bus y vos sabes lo peligroso que, es andar en el transporte colectivo. Y claro, se refería a mi cadenita que me regaló mi chico en mi cumpleaños y mi anillo de graduación, ambos de oro de 14 kilates, pero yo, que aun no sabia de la tanta inseguridad que sufre nuestro país en este tiempo, ignore los consejos o regaños que mi madre me estaba dando y no le hice caso.



Después de un rato de estar paradas esperando a que un bus de la ruta 52 llegara, apareció (maldito bus te odio, nunca en mi tonta vida me vuelvo a subir en esa ruta, por muy necesitada que esté de hacerlo), y yo, como siempre me la quiero llevar de viva, corrí a su encuentro con unas bolsas pesadas en mis manos para ser la primera en subirme y no quedarme sin asiento.



Después de esas grandes estupideces, el bus siguió su camino hacia la Colonia Escalón, iba tan distraída, peleando con mi hermano para que me sacara de las bolsas que él llevaba una chocolatina que mi madre muy amorosamente había aceptado comprarme. Ni mi madre ni yo nos habíamos dado cuenta de que una mujer nos iba viendo muy detenidamente, hasta que llegamos a la parada de Salvador del Mundo me percaté de que la chica nos iba viendo (no muy mayor, una chava de unos 19 o quizá unos 20 años a lo mucho). Yo llevaba mi querido celular en la mano, cuando la vi me apresure a guardarlo rápidamente a mi bolsillo, ella se levantó del asiento y hizo como que se iba a bajar en ese lugar, pero no fue así, solo se fue a unos asientos más atrás en el bus. A la cabeza inocentemente solo se me vino decir qué mujer más rara, me parece conocerla de algún lugar. Qué ingenua fui, cuando el bus sobrepaso Galerías, bastante arriba en la misma calle, pero bastante sola, un chavo se sentó atrás de nosotras y puso las manos en el respaldo de nuestro asiento. Yo no evite volver a ver hacia atrás y luego volví a ver a mi madre, de repente sentí algo con mucha punta en el hombro y escuché al hombre decir dame la cadena. Mi madre se levanto rápidamente del asiento y se aferró a su cartera, yo me quedé paralizada aun sentada en el asiento, lentamente volví a ver hacia atrás y él me dijo “qué me vez, quitate la cadena”. Mi mami, con una cara de susto me dijo “hacelo”.



Y yo, tan linda como siempre, hasta tiempo me tomé en desabrocharme la cadenita de atrás y se la di casi escondiendo mi anillo. “También el anillo”, dijo una voz femenina y temblorosa un poco más atrás. “Rápido, pues”, dijo el nuevamente, también temblándole la mano, y no me quedo de otra más que dárselo. Las personas que iban en el bus se levantaron y se dispusieron a bajar sin que lo consiguieran, porque la mujer les obstruía el paso, él se fue para adelante y le dijo al motorista que detuviera el bus y que le abriera la puerta de atrás para que la mujer pudiese bajar.



Ese fue el susto más grande de mi vida, y por Dios en verdad cómo me arrepiento no haberle hecho caso a mi madre. El único consuelo y alivio que me quedó fue que ni mi madre ni mi hermano ni yo estábamos heridos, y claro, cómo no… mi celular aun seguía en mi bolsillo. Después, cuando llegamos a la casa y ya un poco más relajada, con la mente más despejada, recordé de dónde conocía a la chava, fue mi compañera de clases desde primer grado hasta sexto, después de eso recuerdo que tuvo que dejar de ir porque salió embarazada de otro compañero. Bueno, así es la vida, no queda de otra más que vivirla y tratar de hacerlo de la mejor manera posible.



Adriana B. Pérez H.
Sección 05