martes, 6 de julio de 2010

Un paseo genial con mucha gracia

No recuerdo la fecha exacta, pero recuerdo claramente lo que pasó ese día. Habíamos salido de paseo con mi familia. Nos dirigíamos al lago de Ilopango. Íbamos en el carro, escuchando todo tipo de música, eso hizo que el camino no fuera tan largo y aburrido.



Mi padre iba tan distraído, que por poco nos estrellamos con un bus del transporte colectivo. Todos nos alteramos tanto, que mi madre hizo que mi papá se detuviera en una gasolinera para comprar unas cervezas. Según ella, para que se le calmaran los nervios.



Después de un largo rato de camino y ya con los nervios más tranquilos, llegamos al lago. Yo estaba súper feliz, a pesar del mal rato que pasamos en la carretera. Lo primero que tenía en mi lista, era que diéramos un paseo en lancha. Lo que no se me pasó por la mente era que nuestra mala suerte aún nos seguía.



A pesar de que no habían muchas lanchas, logramos conseguir una a bajo precio. Mi hermano y yo estábamos tan emocionados, que fuimos los primeros en subir. Desde que me subí sentí un poco de miedo de que esta fuese a dar vuelta y todos nos ahogáramos en el lago. Claro, mi imaginación en esos momentos se encontraba por las nubes.



Todo el paseo en lancha fue tan normal, que me termino aburriendo y dándome náuseas que en ese momento lo único que se me pasaba por la mente era que ya llegamos a la orilla, para poder vomitar. Luego de un rato, regresamos a la orilla. Mi papá fue el primero en bajar, rápidamente lo seguí yo, mi hermano venia atrás, a su lado estaba el lanchero, ayudándole a que no se fuese a caer.



Mientras tanto, mi mamá seguía sentada en un lado de la lancha con una cerveza en las manos. Todos la llamamos para que se bajara, entonces se puso de pie tambaleándose y se dispuso a bajar, pero lo gracioso fue que la lancha en ese momento dio vuelta. La razón era que solo a un lado de ella había bastante peso y eso provoco que mi madre terminara sumergida en el lago.



Yo no me dejaba de reír, al mismo tiempo que ayudaba a mi madre a salir de esa agua inmunda que a simple vista se veía desagradable. Mi mamá estaba en shock y no dijo nada, hasta después de un rato.



Se puso a llorar como una niña diciéndonos que por qué no la habíamos sujetado para que no se cayera al agua. Sin duda, ese es uno de los recuerdos de mi niñez de los que tengo muy presente, ya que ese día fue el día que me he reído en mi vida.

2 comentarios:

  1. Ha! bien! Creo que cuando alguien se cae o le pasa algo parecido, como lo que le pasó a tu mamá, lo primero que haces es reirte y luego ayudarel. =)

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  2. jajaja! pobre de tu mami!! que chistoso! me gustó mucho! :D

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